domingo, 26 de julio de 2009

CITEFA

CITEFA, el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas

Por el Coronel Enrique Rodolfo Dick



Una concisa recorrida por el presente, recordando el pasado y mirando hacia el futuro

Pasada la media mañana de un día gris y ventoso, don Carlos B. ordena sus cosas en su lugar de trabajo, la División Materiales Compuestos, antes de salir hacia la "cabaña" a terminar unos moldes para el motor de un cohete. Es un hombre prolijo y de mirada profunda, siempre lo ha sido en sus casi cincuenta años de servicio, y aunque no aparenta la edad que realmente tiene, es uno de los más antiguos en CITEFA, - no el más viejo – refuta a quienes lo insinúan. Conocedor de que ese día visita a CITEFA una comisión de un país vecino acompañada por un Subsecretario del Ministerio de Defensa, Carlos se lo comenta a Luis D. L., quien retorna del taller de Prototipos con una pieza recién mecanizada: - allá, en el "Torre", deben estar exponiendo a la delegación pues hay mucho movimiento en sus cercanías. – Es cierto – responde Luis concentrándose en un complejo dispositivo para una cohetera, el que será en breve ensayado en el terreno.

Carlos se encamina hacia la cabaña, su segundo taller-laboratorio, en el otro extremo del predio. Otro día de su historia está pasando y en ese momento se acuerda de que ese taller se denominaba "Plásticos Reforzados". La bandera en el mástil parece saludar a quien está caminando sin prisa, es apenas un flameo sujetado, inclinando el sol y los colores hacia ese noble y leal integrante de CITEFA, pero luego vuelve a estirarse manteniéndose firme por el viento que la extiende.

En el "Torre", la sala de conferencias está sumergida en una penumbra débil y silenciosa. Ricardo L., el operador de los medios audiovisuales, ha apagado las luces y ha alcanzado el puntero láser al Gerente General de CITEFA, quien expondrá todo lo que entiende y puede hacer el único organismo del país abocado a la ciencia y tecnología para la defensa. Allí están los Directores y los Gerentes, algunos profesionales que enseñarán sus proyectos, los funcionarios del Ministerio de Defensa y sus acompañantes. El mozo, don Atilio, de punta en blanco, sirve café, té y amarettis mientras los presentes conversan en voz baja.

El expositor se ajusta sus anteojos, carraspea y comienza a hablar ni bien se insinúa la primer plancha del proyector, una magnífica vista aérea del complejo:

- CITEFA, cuyas siglas significan Ciencia y Técnica para las Fuerzas Armadas, se extiende en un predio de dieciséis hectáreas en la localidad de Villa Martelli (Partido de Vicente López en la provincia de Buenos Aires), como pueden observar aquí... – y el rojizo extremo del puntero cae sobre la enorme edificación blanca de cinco pisos del bloque principal – ... y nosotros estamos aquí, en el edificio Torre... tenemos veintidós mil metros cuadrados de laboratorios, talleres, oficinas y recintos de ensayos, casi seiscientas personas muy especializadas trabajan aquí y en Villa María (Provincia de Córdoba), y nos enorgullecemos de participar en casi sesenta convenios nacionales e internacionales que nos proyectan hacia un futuro de colaboración multidisciplinaria...

La atención de los participantes se agudiza ante la explicación indiscutible:

- …CITEFA fue creada el catorce de enero de mil novecientos cincuenta y cuatro, por un Decreto de carácter secreto, el 441 y coincide... – toma aliento el presentador pues hace calor en la sala – ...con el desenvolvimiento de Fabricaciones Militares en el año 41, que incluía un Departamento Técnico en su estructura, con misión de resolver problemas de desarrollo y producción. De allí este Instituto, que constituye el órgano ejecutor de las actividades de investigación del Ministerio... - relata con voz monocorde, acompañando las coloridas imágenes que se van sucediendo en la pantalla... – y tiende al desarrollo, obtención y homologación de armas y otros equipos que se determinen... En ese entonces dependía directamente del poder Ejecutivo Nacional a través del Estado Mayor de Coordinación...

Uno de los Gerentes observa hacia sus espaldas, donde está el material que se mostrará ni bien termine la disertación, un simulador de tiro de última línea, herramienta excelente que han concebido los ingenieros y técnicos del Departamento de Guiado y Simulación, y cuya utilización ha significado y redundará en una importante economía de munición de guerra, amén de haberse logrado un alto índice de seguridad y minimización del impacto ambiental. En una pizarra, aparecen números incuestionables de los ahorros producidos, sus ventajas y las unidades militares donde ya operan. A su lado, están las miras, visores y aparatos de visión nocturna, de los cuales hablará un coronel retirado, artefactos que son el fruto de largos años de intenso trabajo, de la mano del ingeniero Carlos R. y sus profesionales, puntales de esa disciplina tan en boga en estos días.

- ... las múltiples capacidades que maneja CITEFA las verán a continuación; es un conjunto muy diverso que puede llegar a asombrar por su calidad y cantidad... ellas son... – y las frases del Gerente General empiezan a pasear por el Armamento Convencional, los Misiles y Cohetes, la Química Aplicada, la Toxicología y las Plagas e Insecticidas, la Electrónica, los estudios y ensayos de materiales, los Vehículos Terrestres... durante largos minutos, mostrando fotografías peculiares que corren a medida que se cumple el cronograma pues, allá afuera, los Departamentos, laboratorios y talleres aguardan a los visitantes, después de la concienzuda preparación de sus sectores.

Mientras avanza la exposición, los lugares donde se pergeñan los proyectos y se preparan para explicar lo que CITEFA sabe hacer. El Taller de Artillería bulle: acomodan los gruesos proyectiles de cargas múltiples eyectables y las láminas con trayectorias balísticas larguísimas y, en la entrada, el moderno e imponente cañón de 155 mm. CALA 30 L45, considerado entre los más avanzados del mundo, luce completo con su enorme freno de boca y la unidad propulsora auxiliar, que le permite rápidos desplazamientos en el terreno. En el Departamento Propulsión, edificio de techo verde y adaptado a las funciones donde se exige seguridad, también retocan carteles, mesas, maquetas e ingenios, junto a un enorme cohete sonda, proyecto conjunto con la UTN, y los nuevos lanzadores múltiples de cohetes de artillería montados sobre vehículos a rueda, contiguos a una vitrina donde se muestran novedosos blindajes cerámicos. Mientras, en uno de los laboratorios de Química, hacia el sector sur, un vicecomodoro de la Fuerza Aérea repasa un sofisticado equipo, un espectrómetro de masas blanco y refulgente, casi aséptico, con el que se cumplen los imperativos de un test de puro nivel internacional que el organismo ha aprobado varias veces con altas calificaciones. Cerca de allí, se coordina un disparo en el banco de ensayos de motores cohete, complejo por donde pasaron tantos dispositivos, entre los cuales se cuentan los micromotores del recordado misil AS Martín Pescador o de un reciente motor híbrido. Antes del final del itinerario, la comitiva habrá de enterarse de las calidades de un laboratorio donde antaño se gestaron productos para controlar al vector del mal de Chagas, la feroz vinchuca y donde hoy se examinan nuevas amenazas, como la lucha contra el mosquito aedes aegypti transmisor del Dengue.

En proximidad del edificio de antenas, Carlos B. se encuentra con un joven coronel que recorre el sector de La Lonja, a pasos apurados, y ambos continúan el camino, conversando del pasado pero mirando hacia el futuro. Saludan a un ingeniero, alto como una chimenea, quien junto a sus discípulos, ha concebido las antenas que hoy lleva a bordo el satélite argentino SAC-C y que próximamente serán parte del satélite SAOCOM.

Llegan al lugar, Carlos abre la puerta del recinto y recuerda con orgullo junto al oficial que escucha...

Las primeras sedes de CITEFA fueron oficinas técnicas, resultado de la pasada dependencia de Fabricaciones Militares, la obra del visionario Savio en 1941. Estaban ubicadas en la calle Viamonte y luego en Coronel Díaz y Cerviño. Ya en crecimiento, las dependencias pasaron a ubicarse en el barrio de Belgrano (administración), San Martín (electrónica y química), Acassuso (armas y municiones especiales), Migueletes (pirotecnia) y José de la Quintana, en Córdoba, donde estaba emplazado un banco de ensayos de motores cohete y una planta piloto de fabricación de pólvora.

La panoplia de los proyectos e investigaciones era considerable y pasaba por las áreas de Electrónica y Comunicaciones (cámaras de Vidicon, televisores, receptores y transmisores, microondas, medidores de velocidad de proyectiles, detectores de minas, etc.), Química y Metalurgia (botes de asalto, soldadores de campaña, explosivos, bombas incendiarias, cargas huecas, jabones antiempañantes, pinturas resistoras y conductoras, resinas y equipos de impregnación, etc.) y el Laboratorio de Armamentos (espoletas, cohetes blanco, de aviación y de artillería, bombas voladoras, cañones sin retroceso, proyectiles, lanzallamas, etc.). Nadie se acuerda ya, por ejemplo, que en este Instituto se elaboró el primer semáforo íntegramente argentino, a cargo del ingeniero Rago, e instalado en Retiro, donde estuvo seis meses a prueba, o que se evaluaron armas portátiles para reemplazar el fusil Mauser modelo 1909 y donde se llegó a fabricar un prototipo de fusil de asalto y hasta una pistola ametralladora con munición sin vaina, para citar algunos desarrollos interesantes.

Fue una etapa de crecimiento y formación, con algunos casos de tecnologías adoptadas y en laboratorios independientes unos de otros. Con el fin de dotar a esas dependencias del personal capacitado, una serie de comisiones especiales (por ejemplo aquella enviada a Suiza y presidida por el coronel Rodolfo Oscar Leonardo Jeckeln del Ejército Argentino) enviadas a Europa al fin de la Segunda Guerra Mundial, contrataron científicos y técnicos que durante la misma se habían desempeñado en tareas similares y que ahora, "desocupados" y no "requeridos" por alguna de las potencias vencedoras de esa guerra o quizás deseando un futuro más tranquilo y seguro, aceptaron encarar la aventura de reiniciar sus vidas en este país, quizás para muchos de ellos desconocido. Así, llegaron a estas tierras los alemanes Weber y Pelkhofer entre unos cuantos, los austríacos Neumann y Franz, los polacos Czekalski, Dyrgalla, Stawowiok, Zebrowski y Kowalczewski, el doctor ingeniero Ezio Lorenzelli, italiano, y el arquitecto naval civil ruso Olegario Mikhno, entre los que recuerdo.

Todos ellos, de una manera u otra, con escaso o mayor tiempo de permanencia, trabajaron y dejaron sus discípulos, apellidos que hoy enriquecen la capacidad y experiencia de CITEFA y del país y cuyas destacadas trayectorias están grabadas a fuego en muchos proyectos exitosos.

La segunda etapa, que se inicia al final de la década de los sesenta, genera un cambio notorio, que se podría denominar de consolidación, - o de tecnología adoptada y adaptada- hacia la creación propia, y que coincide con la reunión de todos los laboratorios y personal en sus actuales instalaciones de Villa Martelli. Los aspectos destacables fueron la iniciación de proyectos multidisciplinarios (el caso de misiles, por ejemplo), la búsqueda de soluciones nacionales para el equipamiento de la FF. AA., la formación de nuevos núcleos de trabajo (láser, microelectrónica, corrosión, materiales, confiabilidad y control de calidad, fuentes de energía, etc.), se formularon convenios, se dieron los pasos iniciales para las transferencias de tecnología y, por primera vez, se exportó armamento desarrollado en CITEFA, el cañón sin retroceso cal. 105 mm. a Perú.


CITEFA en la guerra de Malvinas

El Instituto siempre se ha destacado, y esos jalones tecnológicos serán mencionados en sucesivas notas. Aquí, nos hemos de referir a un caso particular de nuestra historia, el conflicto de Malvinas en 1982. Con extremado secreto, CITEFA puso a disposición de las Fuerzas Armadas, y sin dilación, toda su capacidad, inteligencia y tiempo. Citaremos cuatro casos entre muchos otros que permanecieron en el anonimato por razones de confidencialidad, pero que la historia rescatará, sin duda: el envío de un lanzacohetes múltiple autopropulsado dotado de cohetes SAPBA cal. 127 mm, suceso donde ofrendaron su vida dos integrantes de CITEFA, la confección de nuevas tablas de tiro para cañones CITER cal. 155 mm. L33 que operaban en las Islas y que, por un error logístico, tenían proyectiles, si bien del mismo calibre, de otro material para el cual no estaba destinada la munición, y cargas propulsoras de un tercer material, el obús L 23 norteamericano, situación ésta, totalmente anormal, el diseño y la fabricación de prototipos, y luego de una serie, de equipos lanzadores de señuelos electromagnéticos (chaff) y bengalas infrarrojas para ser montados en aviones de la Fuerza Aérea (A4-B y Dagger) y de la Armada (A4-Q), a fin de incrementar las contramedidas y minimizar o evitar la acción de misiles lanzados y, finalmente, la confección y distribución de hojas instructivas de cómo proceder en casos de intoxicación.

Hoy y cada 2 de abril, los recordamos con emoción profunda. Son el Mayor postmortem de Artillería, Ingeniero Militar en Armamento Autopropulsado Sergio Novoa y el Suboficial Principal postmortem Mecánico Optico Víctor Jesús Benzo. Este año 2003, temprano, el personal de CITEFA se reunió frente al mástil y a las placas de bronce, y el toque de silencio a cargo de un trompa del Ejército Argentino hizo vibrar sus fibras más íntimas, en especial las de los veteranos de guerra, las del hijo de Víctor Benzo que forma parte de nuestro Instituto, y hasta las del Presidente de CITEFA, camarada de promoción y de estudios de Sergio Novoa.

Ellos partieron hacia las islas irredentas en abril de 1982. El buque Carcarañá fue designado por las Fuerzas Navales para servir de apoyo logístico entre el continente y las islas. A bordo de dicho buque había llegado a aguas del Atlántico Sur la cohetera SAPBA (Sistema de Armas Proyectiles Balísticos Autopropulsados) diseñada y fabricada por CITEFA para el Ejército. Se suponía que el buque debía dejar su carga en Puerto Mitre, pero el muelle del mencionado puerto era de madera y muy precario por lo cual no pudo cumplir con su cometido. Las Fuerzas Navales asignaron entonces al Isla de los Estados para que recibiera la cohetera, junto con su munición, además de tambores de combustible para los aviones argentinos y munición de artillería. El Capitán Payarola, comandante del Isla de los Estados coordinó con el entonces Capitán Novoa el traslado del lanzador SAPBA que debió ser parcialmente desarmado para poder ser estibado adecuadamente en el Isla de los Estados. Aproximadamente a las 22.00 hs del 10 de mayo de 1982 se finalizó con toda la carga que el buque podía trasladar, motivo por el cual el Capitán ordenó soltar amarras dirigiéndose al puerto de Goose Green, en manos argentinas. Habiendo transcurrido aproximadamente una hora y media de navegación en plena oscuridad, quedaron iluminados sorpresivamente por una bengala, que en un principio se pensó proveniente de tropas argentinas. En ese momento el buque comenzó a recibir diversos impactos de cañón, uno de los cuales hizo volar el puente de mando del buque, dejando allí un saldo de diez a doce muertos de los veinticinco tripulantes, y otro cañonazo, del lado derecho, a mitad del buque, que generó una tremenda explosión, haciendo vibrar al mismo, el cual inmediatamente se escoró hacia la derecha y comenzó a hundirse.

Payarola hizo también hincapié en que poco tiempo antes de la tragedia había conversado con el Capitán Novoa en el puente de mando, que lo había impresionado el aplomo y el sentido del deber que vislumbró en él y la responsabilidad asumida por el personal y elementos a su cargo. Después de soltar amarras, el Capitán Novoa se retiró del puente, presumiblemente para reunirse con sus hombres, pero no pudo cumplir con su cometido ya que el destino cruel quiso que desaparecieran todos durante el hundimiento del Isla de los Estados.

En el caso de los señuelos antimisiles, ese proyecto tuvo que realizarse en un tiempo muy breve, dada la situación imperante, lo que obligó a un grupo de técnicos del Instituto a trasladarse a la Base Aeronaval Comandante Espora, para determinar "in situ" la forma de fijación de los futuros sistemas lanzaseñuelos en los lugares adecuados a cada tipo de avión. Mientras tanto, otro grupo de especialistas se desplazaba a Córdoba para examinar los aviones de la FAA.

De esa manera, se organizó un grupo de trabajo multidisciplinario, dividido en varios equipos. En Electrónica se diseñó el disparador y el selector de cartuchos, con su secuenciador, en Química se perfeccionó el detonador eléctrico y las bengalas infrarrojas, y en el Departamento de Prototipos se diseñaron y pusieron a punto los lanzadores recargables y una serie numerosa de cartuchos para señuelos y bengalas. Así, los artefactos electromagnéticos se cargaron con miles de pequeñas cintas de aluminio para que, una vez arrojados desde la aeronave, formasen una nube metálica que desorientara al sistema de guiado del misil enemigo. Semanas más tarde, se demostraría que uno de estos ingenios lanzaseñuelos desarrollados en CITEFA, provocó el desvío de un misil inglés lanzado contra un avión de combate propio, salvando la vida del piloto y manteniendo la operatividad de la máquina.

Para las tablas de tiro, CITEFA convocó a sus especialistas y, gracias a los métodos, algoritmos y programas de cálculo que se habían desarrollado en los últimos años, se materializó una trascendente secuencia de tareas: relevamiento y obtención de los datos de la munición y pólvoras, estudio de compatibilidad geométrica y resistente del proyectil SCHNEIDER en el cañón CITER, cálculo de las características termodinámicas de las pólvoras de las cargas de propulsión, exhaustivo cómputo de la balística interior de las cargas americanas con el proyectil SCHNEIDER en el cañón argentino, determinación del coeficiente balístico del proyectil SCHNEIDER, y la consolidación e impresión de las Tablas de Tiro para la totalidad de las cargas.

A las 72 horas de haber recibido el requerimiento, CITEFA entregó las nuevas tablas de tiro al EMGE, que las remitió de inmediato al TOAS y 24 horas después, el Instituto recibió del EMGE, que a su vez había recibido del Comandante de Artillería del TOAS, la información de que "la Artillería argentina había tirado y que los proyectiles habían impactado en los blancos".

Y las hojas instructivas aparecieron como una necesidad imperante ya que, en esa época la Royal Navy estaba haciendo ejercicios de protección contra agentes de guerra química y se llegó a la conclusión que podíamos ser atacados con incapacitantes. El Departamento Toxicología de CITEFA presentó este análisis en el Ministerio de Defensa. Como consecuencia de este planteo se comprobó que Argentina no tenía máscaras y que en el país existía sólo una fábrica con capacidad para hacer una por día. Más tarde, con el transcurso de la guerra, se observó en Comodoro Rivadavia que soldados que llegaban del frente, a la noche, cuando se apagaban las luces, fosforecían por las lesiones que tenían en la piel debido al fósforo blanco que empleaban los ingleses y allí se agregó toda una lista de procedimientos a seguir. Esta lista fue incorporada a los manuales de instrucciones y fueron distribuídas a todos los centros del país.


CITEFA hoy y hacia el mañana

El Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas (CITEFA) está a punto de cumplir medio siglo de vida. Sus hitos son notables, también las cifras, estadísticas y logros. Más aún, y por sobre todo, su personal, consagrado con vocación de servicio a cumplir su misión indelegable, demuestra cada día su determinación, hoy más que nunca.

Hoy, los guarismos impresionan y persuaden: como organismo conjunto de ciencia y tecnología del área de la defensa, ostenta firmados 58 convenios nacionales e internacionales de todo tipo, posee 23 áreas de capacidades altamente desarrolladas, una treintena de simuladores, adiestradores y entrenadores entregados a las FF. AA. y en pleno funcionamiento (de tiro, de observadores adelantados, de duelo de tanques, de tiro interactivo, de vuelo y tácticos), millones de divisas ahorradas en concepto de estudios de vida útil de munición de todo tipo, misiles, cohetes, espoletas, dispositivos pirotécnicos, etc. y su repotenciación probada, un centenar de proyectos finalizados, militares, de orientación civil y hasta duales, muchos de ellos con transferencias de tecnología y sus patentes.

Casi 600 personas trabajan en CITEFA, profesionales altamente competentes, militares y civiles, muchos de ellos galardonados y reconocidos a nivel del país y mundial (premios Konex, Ejército Argentino, Jóvenes Sobresalientes, Academia de Medicina, CONICET, Sociedad de Pediatría, Asociación Bioquímica Argentina, Vocación Académica, al Mérito de la IUTOX, Academia de Ciencias Exactas, Bernardo Houssay de la SECyT a la Investigación Científica y Tecnológica, Institución de Servicios de Transferencia Tecnológica a la Industria de Funprecit, etc.), participantes en misiones en el exterior trascendentes (Inspectores de la ONU en Irak y hasta un Jefe de Inspectores), sus publicaciones internas superan las mil y aquellas para congresos, seminarios, simposios, tesis doctorales, licenciaturas, proyectos de fin de estudios y posgrados, son cuantiosas, interactúa con organismos de control nacionales e internacionales (MTRC, UNMOVIC, Grupo Australia, Acuerdo Wassenaar, OPCW, OPBW, CONCESYMB, etc.), y cuenta con laboratorios reconocidos y acreditados por organismos, institutos, centros y empresas, tanto a nivel nacional como internacional.

En todo este tiempo, CITEFA se ha preparado y continúa en esta senda sin demorarse para afrontar nuevos desafíos. Tiene la capacidad, la experiencia, la especialización y el respaldo. Esos emprendimientos podrían ser: un misil de 25 km. de alcance, multietapa y con dos modalidades de guiado, el desarrollo de herramientas de seguridad informática, la propulsión no convencional, computadoras para cálculo vectorial, nuevos materiales con memoria de forma, láseres de aplicación en medicina, encriptado de información con láser y el desarrollo de nuevos láseres de tipo sólido con excitación también por láser sólido, materiales cerámicos para celdas de combustible de alta temperatura, nuevos cañones livianos de mayor alcance, sensores de rotación de aplicación dual, blindajes modernos, proyectiles con guiado terminal, visión nocturna con cámaras térmicas, posicionadores satelitales y un cohete sonda de envergadura, entre otros proyectos ambiciosos y que obligan a redoblar todos los esfuerzos, sin descuidar los desarrollos, ensayos, homologaciones, certificaciones, peritajes, etc. que efectúa permanentemente en apoyo a toda la comunidad.

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